Eñaut Zubizarreta reinventa el violonchelo con TRIGGER desde Cirauqui

HISTORIA DE EMPRENDIMIENTO DE TEDER

La música siempre ha formado parte de la vida de Eñaut Zubizarreta. Violonchelista, compositor y creador del proyecto artístico TRIGGER, ha convertido su pasión por el chelo en una propuesta musical personal que mezcla experimentación, pedagogía y nuevos lenguajes sonoros. Desde Zirauki, combina conciertos, grabaciones, formación y colaboraciones con artistas y producciones audiovisuales, explorando todas las posibilidades de un instrumento que lleva mucho más allá de la música clásica.

Hablamos con él sobre sus inicios, el proceso de crear un proyecto propio y los retos de dedicarse profesionalmente a la música desde un entorno rural.

¿Quién eres y cuál ha sido tu trayectoria en el mundo de la música?

Empecé a estudiar violonchelo con seis años en Arrasate Musikal. Más adelante continué mi formación en el conservatorio profesional de Gasteiz y después estudié interpretación clásica y contemporánea en la ESMUC de Barcelona.

Al terminar la carrera atravesé una etapa en la que estaba bastante desconectado del instrumento, pero todo cambió cuando empecé a experimentar con un viejo chelo electrificado que tenía por casa. Ahí comenzó realmente el proyecto TRIGGER: empecé a crear, probar sonidos y descubrir nuevas posibilidades para el instrumento.

Después volví a Barcelona para seguir formándome con el violonchelista Martín Meléndez y realicé también cursos en Alemania. Poco a poco recuperé la ilusión por el instrumento y empecé a desarrollar tanto mi proyecto personal como colaboraciones con otros artistas y formaciones.

En 2019 publiqué mi primer disco y desde entonces he seguido creando música, actuando en directo y desarrollando también una faceta pedagógica centrada en los nuevos lenguajes aplicados a los instrumentos de cuerda frotada.

¿En qué consiste tu proyecto?

Mi actividad es bastante amplia. Trabajo como intérprete para diferentes artistas y proyectos musicales, tanto en música contemporánea como en pop, rock o propuestas audiovisuales. También realizo arreglos musicales y grabaciones de estudio.

Por otro lado, desarrollo mi propio proyecto artístico bajo el nombre de TRIGGER, donde compongo y publico trabajos propios que luego llevamos al directo en teatros, festivales o diferentes espacios culturales.

Además, doy clases particulares y colectivas, especialmente orientadas a explorar nuevas técnicas y lenguajes aplicados al violonchelo y a los instrumentos de cuerda.

También realizo actuaciones para eventos privados y sigo ampliando poco a poco esa parte del proyecto.

¿Qué tipo de técnicas y lenguajes trabajas con el violonchelo?

Cuando empecé a crear música propia me di cuenta de que conocía muy bien el violonchelo desde la formación clásica, pero no tenía herramientas para explorar otros estilos y sonoridades.

A partir de ahí comencé un proceso muy autodidacta de investigación y experimentación. Empecé a estudiar técnicas de arco diferentes, recursos rítmicos, percusión aplicada al instrumento, uso de pedales de efectos y loop stations.

Me interesaba descubrir cómo el chelo podía acercarse a lenguajes más relacionados con el rock, el folk o incluso sonidos inspirados en músicas africanas o flamencas. Por ejemplo, cómo crear acordes, usar púas, trabajar la percusión sobre el propio instrumento o construir capas sonoras en directo.

Todo ese aprendizaje también me llevó a desarrollar una parte pedagógica: entender las técnicas, racionalizarlas y después enseñarlas a otras personas mediante cursos, materiales didácticos y contenido online.

¿Cómo definirías tu marca y el concepto que hay detrás de TRIGGER?

Muchas veces se utiliza la palabra “experimental”, aunque yo no me definiría exactamente así. Lo que intento es llevar el violonchelo fuera de la imagen tradicional que normalmente tenemos del instrumento.

Me interesa aplicar al chelo lenguajes más amplios relacionados con el rock, el folk o la música contemporánea, buscando siempre nuevas formas de expresión y de sonido.

La idea es ofrecer una propuesta diferente y fresca, pero que al mismo tiempo conecte con la gente. Y la verdad es que cuando la gente lo escucha en directo suele sorprenderse mucho, tanto en teatros como en pueblos pequeños o espacios menos habituales.

¿Qué te diferencia de otros proyectos similares?

Principalmente la versatilidad. Puedo moverme en estilos muy diferentes y adaptarme a distintos formatos y contextos.

Además, el lenguaje que utilizo con el violonchelo todavía no está muy extendido aquí, así que la propuesta suele resultar novedosa para mucha gente. Intento demostrar que el chelo puede ocupar espacios sonoros muy distintos a los habituales y conectar con públicos muy variados.

¿Cómo es tu día a día como músico y emprendedor?

Es un trabajo muy cambiante. Muchas veces surgen proyectos a corto plazo y tienes que reaccionar rápido, preparar repertorios o adaptarte a nuevas situaciones.

A la vez, también tienes que mantener una visión más a largo plazo: seguir creando, organizar conciertos, gestionar contrataciones o preparar nuevos proyectos.

Además del trabajo artístico, hay una parte más invisible que también ocupa mucho tiempo: facturas, correos, presupuestos, organización de viajes o gestión de redes.

Y luego está el trabajo físico y mental. Aunque no se vea así desde fuera, tocar un instrumento requiere preparación constante y estar siempre activo tanto técnicamente como creativamente.

¿Quién es tu público habitual?

Es bastante variado. Trabajo con ayuntamientos, teatros, eventos privados y diferentes proyectos musicales.

También hay personas interesadas en aprender violonchelo o en descubrir nuevas técnicas aplicadas a los instrumentos de cuerda. Y, por supuesto, público que sigue mis conciertos, escucha mis discos o apoya el proyecto.

Ahora mismo también estoy desarrollando formatos más grandes para presentar el nuevo trabajo en directo junto a otros músicos.

¿Cómo es emprender desde un entorno rural como Zirauki?

En mi caso, al ser músico, estoy acostumbrado a moverme constantemente, así que vivir en un pueblo no supone una gran desventaja.

De hecho, tiene muchas cosas positivas: tranquilidad, menos distracciones y más espacio para concentrarte y crear. Para trabajar componiendo, grabando o preparando proyectos, un entorno rural puede ser muy inspirador.

Además, cada vez existen más posibilidades de trabajar desde casa en ámbitos como la composición audiovisual o la producción musical.

¿Cuál ha sido el mayor reto de este camino?

Probablemente aguantar y mantener la apuesta por la música en momentos complicados.

Dedicarse profesionalmente a esto implica mucha incertidumbre y, muchas veces, sacrificios económicos. Hay temporadas en las que tienes que combinar la música con otros trabajos o adaptarte continuamente.

Creo que el mayor reto es sostener el proyecto en el tiempo y seguir creando las condiciones para que pueda crecer.

¿De qué logro te sientes más orgulloso?

Sobre todo, de haber recuperado la ilusión por el instrumento después de terminar los estudios y sentir que ahora sí hago una música con la que realmente me identifico.

También me llena mucho poder viajar, conocer gente, colaborar con otros artistas y participar en proyectos muy diferentes.

En los últimos años he tenido la oportunidad de tocar en grandes escenarios y colaborar con artistas de gran proyección. Por ejemplo, recientemente participé en conciertos de Judeline en espacios como el WiZink Center de Madrid o el Palau Sant Jordi de Barcelona.

También he trabajado en proyectos relacionados con cine y series junto al compositor Aitor Etxebarria, participando en bandas sonoras y grabaciones para producciones audiovisuales.

Ver cómo tu trabajo va creciendo poco a poco y que otros artistas cuenten contigo es algo muy gratificante.

¿Qué objetivos tienes para el futuro?

Me gustaría consolidar el proyecto y conseguir una mayor estabilidad económica para poder seguir desarrollando mi trabajo artístico con más tranquilidad.

También me interesa trabajar más desde casa, especialmente en composición para audiovisuales, arreglos o producción musical.

Por otro lado, me gustaría seguir creciendo con el proyecto TRIGGER, realizar giras más amplias y continuar explorando nuevos formatos y colaboraciones.

Y quizás en un futuro desarrollar también una pequeña escuela o espacio formativo relacionado con el violonchelo y los nuevos lenguajes musicales.

¿Dónde podemos encontrarte?

Se puede contactar conmigo a través del teléfono 688 877 652, del correo electrónico enaut.zmab@gmail.com y de mis redes sociales bajo el nombre de @triggerprototxelo.

¿Qué valoración haces del acompañamiento de TEDER?

Muy positiva. Desde el principio me ayudaron muchísimo, especialmente con toda la parte de trámites, documentación y gestión administrativa.

Muchas veces todo ese proceso puede hacerse cuesta arriba, pero el trato fue muy cercano y siempre he sentido predisposición para ayudar y orientar en todo momento. Además, el acompañamiento continúa también después, informando sobre ayudas, convocatorias o nuevas oportunidades.

Además de las ayudas del Servicio Navarro de Empleo – Nafar Lansare para la promoción del empleo autónomo, el proyecto de TRIGGER ha sido beneficiario de las ayudas destinadas a la creación de empresas para actividades no agrarias en zonas rurales. Este proyecto está cofinanciado por la Unión Europea y el Gobierno de Navarra, en el marco del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027, y su tramitación se ha llevado a cabo a través de TEDER, dentro de su labor de acompañamiento a iniciativas emprendedoras en el territorio.

¿Quieres emprender en Tierra Estella?

 

El Servicio de Apoyo al Emprendimiento de TEDER te acompaña durante todo el proceso de creación de tu proyecto. Es un servicio público y gratuito, subvencionado por el Servicio Navarro de Empleo – Nafar Lansare y dirigido a personas emprendedoras de la comarca.

Solicita cita: desarrollo.teder@montejurra.com | 948 55 65 37 | WhatsApp 637 06 63 18

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